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La genética humana en la prensa

La tesis doctoral "Del 'consejo prematrimonial' al Proyecto Genoma Humano: Treinta años de genética humana en El País (1976-2006)" estudia cómo se moldea un modelo determinado de periodismo científico
Matiana Gonzalez Silva 24/11/2008

Archivo El Pais
Archivo El Pais

La relación de la ciencia y el público se ha vuelto un tema de investigación cada vez más importante entre los historiadores interesados por los condicionantes sociales, políticos y económicos de la ciencia. Los discursos científicos tal y como se leen de puertas para afuera de los laboratorios, el uso ideológico de los argumentos científicos, las políticas públicas o las campañas para ganar legitimidad, componen un universo de temas agrupados en torno a lo que se llama la historia de la popularización científica.

La tesis doctoral Del ‘consejo prematrimonial’ al Proyecto Genoma Humano: Treinta años de genética humana en El País (1976-2006), defendida por Matiana González Silva en abril de 2008 y realizada bajo la dirección de Jon Arrizabalaga, se inscribe dentro de esta corriente historiográfica. Se trata de un análisis exhaustivo de la manera en que el periódico más influyente de la España postfranquista presentó al público una determinada rama de la ciencia. Más allá del estudio de caso concreto, su objetivo es comprender mejor los flujos de la comunicación científica, los procesos mediante los cuales se conforma una determinada manera de ejercer el periodismo científico, y el papel de los medios en el desarrollo de la ciencia actual.

La tesis se nutre de investigaciones provenientes de áreas tan distintas como la psicología social, los estudios sociales sobre ciencia, las ciencias de la comunicación y la historia de la ciencia. Su presuposición más básica es que la prensa juega un papel activo en la conformación de los sistemas tecnocientíficos, al tiempo que constituye una fuente fundamental para la construcción de un significado social para la ciencia. Por otro lado, asume que el proyecto popularizador de un diario, lo mismo que los discursos públicos de los científicos, están influidos por una agenda política e ideológica determinadas.

Una de las principales conclusiones de la tesis es la estrecha relación que existe entre el desarrollo de la comunidad científica española y la manera en que El País informó sobre ella en sus páginas. La consolidación de una comunidad de genetistas cada vez más importante y dedicada sobre todo al estudio de la etiología genética de las enfermedades, llevó durante los años noventa a una cobertura de estos temas mucho más desideologizada de lo que había sido común durante el torbellino de los primeros años de la democracia, en que la genética humana se discutió en términos de sus consecuencias sociales y sus implicaciones ideológicas. Los reporteros adoptaron una actitud acrítica, laudatoria y promocional de estos avances en genética humana, al tiempo que comenzaba un proceso de aceptación paulatina de la participación de la iniciativa privada en la investigación científica.

Este modelo periodístico cada vez más cercano a lo que Hilgartner ha llamado la "visión dominante de la popularización científica", contrasta con el que se puso en práctica a la hora de informar sobre los esfuerzos por cartografiar primero, y secuenciar después, el genoma humano, una rama de la investigación en la que prácticamente no había participación española y sobre la que el diario discutió los elementos sociológicos, económicos, éticos, políticos y geográficos. Al contrario de la localización de genes específicos relacionados con las enfermedades y su diagnóstico, en este campo El País transmitió la imagen de la genética humana como una actividad compleja y llena de contradicciones, en donde coexistían intereses a veces contrapuestos, y no todos estaban de acuerdo en asuntos cruciales para el desarrollo de una investigación.

La diferencia de aproximación a dos ramas distintas de la genética humana durante el mismo periodo, por las mismas personas y en el mismo diario, hace pensar que la presencia o la ausencia de una comunidad local de científicos que estuvieran investigando en el campo del conocimiento sobre el cual se informaba fue un elemento crucial en la imagen de las diferentes ramas de la genética que El País transmitió a sus lectores. Así pues, el lugar extremadamente periférico que ocupó España en las investigaciones relacionadas con el Proyecto Genoma Humano puede considerarse una de las razones que llevó a una cobertura periodística más sociológica que técnica, mientras que en las áreas en donde existía una comunidad local de investigadores, se transmitió una imagen de más autoridad, como resultado de la presión ejercida por los propios científicos y por la sensación por parte de los periodistas de que estaban obligados a ensalzar las glorias científicas nacionales. La especialización de los periodistas del diario en temas científicos, lo mismo que su creciente cercanía con la comunidad biomédica española y evidentemente la fortaleza científica que la genética humana adquirió a finales del siglo XX, son otros aspectos que contribuyeron a dibujar la manera en que El País informó al público sobre esta ciencia a partir de 1976.

Tras el análisis de más de mil textos que de manera directa o tangencial hicieron referencia a la genética humana en los primeros 30 años de vida de El País, se percibe que este diario no fungió como un verdadero foro de discusión pública sobre temas científicos, sino que más bien sirvió de escaparate para mostrar ya fuera los logros de los científicos o sus complejas relaciones sociales. Esto significa que, contra lo que muchas veces se piensa, una mayor cantidad de noticias científicas en los medios de comunicación no necesariamente significa una comunicación más fluida entre la ciencia y el resto de la sociedad, ni la existencia de un verdadero debate político sobre el tema.

La tesis está complementada por un epílogo que reflexiona sobre cuál debería ser papel del periodismo científico en las sociedades contemporáneas, ya no desde el punto de vista académico, sino de un modo mucho más involucrado, fruto de los ocho años de experiencia de la autora como periodista en el diario Público-Milenio de Guadalajara, en México. El epílogo señala los paralelismos existentes entre la labor del historiador y del periodista, en el sentido de que ambas intentan entender la actividad científica en su contexto, y llama a ejercer un periodismo científico que no sólo transmita al público los resultados de las investigaciones, sino que contribuya a comprender las influencias mutuas entre la ciencia y otros campos de la vida social, fomentando así la participación ciudadana en temas científicos.




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